Claves para la elección de pareja

Escrito por: Noraida Matos

Cuando nos enamoramos siempre hay motivaciones que pueden ser conscientes o inconscientes. Pero siempre, siempre, siempre ELEGIMOS (bien o mal) a nuestra pareja. Pero por supuesto que podemos escoger a quien amar, nos abrimos a aquello que se asemeja a lo que conocemos, a lo que necesitamos o incluso a lo que aún no hemos podido resolver o cerrar y eres tú, la única persona que decide abrirse o no al amor.

Amar requiere de esfuerzo, trabajo constante, reforzamiento mutuo, amamos bien a quien comparte nuestro sistema de valores, amamos bien a quien nos hace sentir bien, amamos a quien recíprocamente también nos muestra su afecto, el amor tiene los ojos muy abiertos, sin embargo, hay veces que decidimos cerrarlos y no ver más allá, lo obvio se hace invisible, las apariencias te engañan, no tanto porque las escondan, sino porque no las queremos ver.

La necesidad de compañía, la dependencia emocional y sexual, el temor a la soledad, el poco amor propio, nos hace aceptar sin elegir, cualquier persona que nos ofrezca el desecho de aquello que necesitamos se convierte en la única opción, nos enceguecemos ante la deslumbrantes migajitas, y nos empeñamos en cerrar los ojos y no ver con claridad la realidad, vamos por la vida escogiendo una y otra vez siempre en base a nuestras carencias y necesidades, y no en base las virtudes y lo que realmente queremos.

El problema de elegir pareja en base a nuestras carencias, es que cuando el hambre arrasa cualquier Bodrio sabe a manjar y cualquier Patán sabe a galán. Conseguir pareja cuando se está desesperado, no suele ser una elección muy asertiva, se elige en base a la necesidad, dependencia, soledad y no sobre patrones funcionales de compañía, satisfacción, placer, respeto. Cuando tienes mucha hambre te conformas con cualquier arroz sin sal.

Bajo este patrón de conducta disfuncional es muy difícil disolver la pareja que no marcha bien, por temor a estar de nuevo en soledad, temor a perder beneficios, temor a perder sexo. Cuando se aprenda a estar solo, a no depender de otra persona para ser feliz y sentirte bien consigo mismo, en ese momento se escogerá sobre modelos mucho más adecuados, y se permanecerá allí solamente si se ests completamente a gusto, si hay amor, si hay lealtad, respeto, comunicación, empatía, etc.

La única razón por la cual se «debe» estar en pareja es porque es delicioso, porque se disfrutan mutuamente, porque en unión con esa persona se siente estabilidad, paz, sosiego y mucho amor. Las otras razones (hijos, dinero, sexo, estabilidad, estatus, negocios, etc.) no suelen ser razones suficientes para sustentar una buena relación de pareja. Así que procura escoger desde tu estabilidad emocional, porque de la desesperación sólo queda el cansancio y la muy mala compañía. ¡Ámate mucho, ámate enorme y tu elección se hará en base a ese amor que te tienes y nunca esperarás menos de lo que tú ya posees!

Es por ello que para escoger pareja hay que hacerlo con los ojos bien abiertos, sabiendo y conociendo bien a aquella persona que te «mueve el piso». La elección de pareja debería ir más allá, de la parte erótica, del me gusta o me atrae, del tenemos un sexo fantástico. Pero cuidado con esto, no quiero decir que sea sólo una decisión mental en base a conveniencia, obviamente debe existir atracción física y sexual, debe gustarte y sentir enamoramiento, pero eso no es lo único.

El enamoramiento es una fase transitoria con fecha de caducidad, me enamoro cuando veo un hombre guapo, varonil, atractivo, bien formado, pero eso no es suficiente para elegirlo como pareja y amarlo.

A tu pareja debes conocerla, saber sus cualidades internas, debe haber coincidencias que refuercen la unión y la sustenten en el tiempo, a pesar que haya diferencias lógicas, éstas sean complementarias y no pueden ser irreconciliables. Debo conocer sus valores, sus metas, su moral, su inteligencia, su forma de expresar el afecto, su mundo interno, su luz y su sombra, debo entender su oscuridad o en su defecto aceptarla e incluso amarla.

Para ello debo abrir bien mis ojos, tener claridad absoluta y una visión amplia que finalmente coincida con mis metas, expectativas, valores y mi forma de ser, de modo contrario, tendrás quizá un buen sexo, pero no por mucho tiempo (por lo menos no con esa pareja).
Hay que tener los ojos bien abiertos, elegir no sólo en base a la atracción, para que luego en la convivencia o el matrimonio podamos juntos trabajar y esforzarnos para seguir juntos. Y es que pensamos que el amor es suficiente para mantener una relación, cuando en realidad es uno de los muchos elementos que se necesitan.

Tampoco nos preparamos para enfrentar los retos de la convivencia, para negociar las diferencias, para la aceptación de otro, para la comunicación sana. La mitad de los matrimonios occidentales terminan en divorcio, y de la otra mitad que permanece casada un gran porcentaje lo hace bajo condiciones muy inadecuadas y disfuncionales.

Por ese motivo no tenemos idea de cómo actuar pues ni siquiera hemos tenido un adecuado modelo a quien imitar. Prepararse para esa etapa va mucho más allá del ensayo que se hace para la bonita y emotiva fiesta de la boda, ni siquiera el pequeño curso premarital que exige.

Al parecer entonces todo comienza con esa escogencia de una pareja que sea no sólo una persona que cuadre contigo, que no sólo nos una la emoción, el entusiasmo, la alegría, las cosas buenas, las metas en común, el buen sexo, etc. A través de los años las parejas pasarán por una sucesión de eventos impredecibles, conflictos, ansiedades, desavenencias, disconformidades, discusiones que pondrán a prueba el amor, la paciencia, la solidaridad, la empatía, el respeto, la confianza, etc., para lo que debemos prepararnos.

Sin duda alguna una buena relación, estará regida por ese amor que ambos se tengan, sin embargo, no es suficiente para sustentar una relación a través de años y décadas de convivencia, de costumbres, de rutinas, que en ocasiones van llenando los espacios hasta que sólo queda eso.

La convivencia en pareja o el matrimonio, es una aventura permanente de cambios y reestructuraciones que se deben ir amoldando a medida avanzamos y nos conocemos con mayor profundidad. Ser capaces de afrontar los cambios permanentes, sin generar frustraciones que vayan amilanando el amor, es esencial para mantenerse en el tiempo, la flexibilidad, la admiración, el respeto, la amistad, la intimidad son apenas algunos de los rasgos necesarios para sustentar y trabajar día a día en la permanencia de un buen amor de pareja. Y nada de esto podría ser posible sin una buena escogencia de pareja.

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