Autoestima con sentido de realidad

Escrito por: Carmen Elena Ochoa

El ser humano necesita volver a sí y abandonar todo ese aparataje de utilería, luces y pantallas, para volver a sentir su realidad siendo lo que es. Solo cuando sea suficientemente honesto consigo mismo, dejando resentimiento, culpas y coartadas, enfrentados a sus propios errores, se convertirá. Conversion es volver a sí.

Manuel Barroso

La exigente necesidad de individuación consiste en retornar a la naturaleza de uno mismo, a su auténtico ser. Este esfuerzo por hallar nuestro ser individual es una labor importantísima, y dura toda la vida.

Murray Stein

La autoestima es un concepto más complejo de lo que se cree y se habla. Es por ello que su comprensión es un punto neurálgico para comenzar a pensar en nosotros mismos de manera mucho más coherente y realista. En el sentido amplio, la autoestima no es solo apreciar todo lo que soy, sino aceptar lo que soy.

Desde el punto de vista de las teorías humanistas, este concepto que podemos considerar dinámico y siempre inacabado, se refiere a un recurso interno del individuo que está orientado a fortalecer el YO en su desarrollo, en el manejo de la realidad externa y de las relaciones interpersonales. Es también un aspecto psicológico que nos da un piso en nuestros procesos psicoemocionales, y que favorece el camino hacia la profundización de nuestra psique.

Desde un enfoque psicodinámico, si bien no se habla de autoestima, con este término, sí se considera fundamental la autovaloración y la autoaceptación, es decir su basamento, para que un individuo sea lo que quiera ser (en el proceso de individuación) con los menores determinantes sociales y familiares posibles.

Pero todo comienza con el autoconocimiento…

Desde la antigua Grecia, los viajeros que iban al templo de Apolo para conocer su destino veían en la entrada un aforismo que decía: “Conócete a ti mismo”. El mandato para reconocer los propios límites y fortalezas, con el fin de seguir el camino de sabiduría, mesura y virtud.

Por otro lado, la Biblia expresa otro mandato: “Ama al prójimo como a ti mismo”. En el lenguaje de lo psicológico significa que el poder autovalorarnos, nos lleva a acercarnos al otro, a aceptar nuestras diferencias. Hoy se sustenta esta asociación en estudios relacionados con la evaluación de la autoestima.

La autoestima ha estado sujeta a diferentes definiciones y asociaciones unidimensionales, que muchas veces distorsionan su acepción: Autoestima es una valoración positiva de si. No es solo eso. La dificultad viene dada por la gran carga de subjetividad que siempre ha implicado su abordaje: ”auto” se refiere a la valoración que solo puede hacer la propia persona. Por tanto, todos debemos hablar en un lenguaje relativo cuando evaluamos la autoestima del otro. La presencia de emociones tales como la tristeza, rabia, frustración, descontento, no implica una falta de estimación de sí mismo.

La aparición del término se remonta a 1890, cuando William James, filósofo y psicólogo estadounidense, incluye la definición en su magna obra “Principles of Psychology” como un estado mental producido por la relación entre el éxito alcanzado y las aspiraciones previas.

Luego, en la década de los años ochenta del siglo pasado, se realza su importancia a raíz de investigaciones en el área de la psicología organizacional y de salud. Se estudia como un recurso potenciador del crecimiento personal, que se reconoce hasta nuestros días.

Es innegable, incluso para los humanistas y cognoscitivistas que existen aspectos de nuestra psique que desconocemos por ser inconscientes. Sin embargo, la introspección y atención a nuestras emociones y vivencias más profundas, nos permitirán permear su vía hacia la luz de la consciencia.

Entonces, ¿cuáles son las consideraciones más importantes para comprender la autoestima, considerando su naturaleza compleja, cambiante y subjetiva?

Según Manuel Barroso (1996), Psicologo Clinico, venezolano, pionero y promotor del estudio de la autoestima desde una perspectiva integrativa; autor del icónico libro “Autoestima del Venezolano”; desarrolla de manera pedagógica los componentes implicados en su definición, demostrando así la multidimensionalidad de este recurso psicológico. Son seis componentes, que amplío en base a la propia experiencia como psicoterapeuta:

Evaluativo. Indica las valoraciones, favorables y desfavorables, que una persona hace respecto a si misma. Este aspecto puede estar relacionado con la autoimagen y autoconcepto que cada quien ha desarrollado a lo largo de la vida; de la experiencias con los otros, y vivencias internas.

Afectivo. Hace referencia a los sentimientos y emociones resultantes de dichas evaluaciones, que a su vez están sujetas a la variabilidad de las circunstancias, eventos biográficos recientes, aciertos y errores, paradigmas, personalidad y temperamento.

Cognitivo. Remite a las operaciones y procesos psicológicos involucrados, tales como: pensamientos, capacidades de atención y memoria; hábitos y patrones del comportamiento; ideales y herencia sistémica.

Conductual. Está relacionado con las competencias y habilidades percibidas en nosotros mismos, y su efectividad para actuar en pro de objetivos, toma de decisiones y aceptación de límites.

Social, se refiere a la retroalimentación recibida por las personas significativas, desde la primera infancia hasta el momento presente. Estos reflejos pueden potenciar la autoestima, o por lo contrario, ensombrecer su desarrollo; por ejemplo, el acoso o bullying.

Contextual. Se refiere al conjunto de creencias, normas y valores que prevalecen en el entorno del individuo. Existen varios contextos donde se desenvuelve una persona: individual, de pareja, familiar, organizacional (laboral) y social. Barroso refiere que el “contexto” es como un campo de fuerzas: una serie de elementos integrados en una totalidad que proporciona actualidad, especificidad, originalidad y creatividad a la experiencia total, haciéndola diferente a cualquier otra experiencia de otro contexto.

Afirma que el “contexto” es donde la experiencia tiene lugar y sentido, se hace concreta y específica. Y desde mi punto de vista, siempre tiene un componente subjetivo, así como un componente social en las interacciones con los otros. A la experiencia en cada contexto se agrega un elemento muy importante: “tempo psicológico”. Distinto al tiempo cronológico. Aquel es subjetivo, es en el que cada persona logra elaborar procesos y asimilar vivencias.

¿Qué es lo que NO se puede equiparar a la autoestima? Lo que NO es autoestima, también constituye una forma de llegar a su complejidad:

Sesgo positivo: la mayor generalización que se ha hecho del concepto de autoestima es considerarla sólo una valoración positiva de si. Esto ha generado una idealización de un estado psíquico que sería inalcanzable. Incluso se ha convertido en una especie de competencia (autoengaño) para ganar aprobación; o generador de vergüenza y culpa, en personas vulnerables por su estado emocional, al no poder alcanzar estándares de una absoluta salud mental. El lenguaje colectivo puede contribuir a difundir la sabiduría popular, pero también puede llevar a la distorsión o la banalidad.

Vista como un fin y no como un medio: la autoestima es un recurso para afrontar una realidad externa e interna cambiante. Por tanto, favorece la productividad en contextos laborales, pero no es la unica condición para alcanzar el éxito, y el éxito no es condición para lograr la estimación de sí. Tenemos muchas referencias al respecto con figuras públicas: Elvis Presley, Marilyn Monroe, Amy Winehouse, etc.

Autoaceptación incondicional: no todos los aspectos de nuestra personalidad, sentimientos y pensamientos son aceptables, o tienen que ser abrazados incondicionalmente por nosotros mismos. La aprobación de rasgos físicos o psicológicos, que nos generan impedimentos o desadaptación, es necesario mirarlos con la crítica necesaria para trabajar en alternativas para generar un cambio, una compensación, un moldeamiento o perfeccionamiento. Aquí es preciso resaltar la plasticidad cerebral y mental que el ser humano es capaz de tener ante sus limitaciones a lo largo de toda su vida.

Competencia social: la autoestima no nos hace expertos en relaciones sociales. La sociabilidad también depende de la personalidad, el temperamento, del modelaje social en los distintos contextos, y de la particular manera de conectar con los otros y con aquello que brinda placer. Otra vez es preciso mencionar la paradoja: no siempre la persona popular es aquella que tiene la mejor autoestima, y a veces la persona más callada y menos reactiva a situaciones sociales es aquella que tiene una valoración adecuada por quién es.

La autoestima no conlleva al egocentrismo, o a posturas egoístas o despreciativas, al contrario, nos acerca al otro con la tolerancia necesaria para aceptar sus diferencias:

“La persona con una adecuada autoestima, se mostrará tolerante consigo misma y con los demás, aceptando la presencia de limitaciones en ella misma y en los otros como parte consustancial al ser humano. Esta actitud la llevará a actuar con seguridad, sin barreras y defensas en la comunicación con los otros, haciendo compatible la autoafirmación de sus derechos y necesidades con el respeto a la individualidad de los demás”. (Maria Teresa Gonzalez Martinez, 1999).

Por último, quiero destacar un rasgo de la autoestima, aportado por el estudioso psicólogo norteamericano Coopersmith (1987), que agrega un aspecto importantísimo para su definición: el merecimiento. Esta cualidad también es destacada por Branden (1997 c. por Barroso):

“…la autoestima es la suma de la autoconfianza y el autorespeto. La confianza en sí mismo es la conciencia que evalúa la eficacia de las propias acciones. El respeto a sí mismo es el sentimiento de mérito personal: Soy digno de ser amado…”

Para concluir, aunque sé que aún hay mucho qué decir, voy a hacer el ejercicio de escoger algunos de los elementos expuestos, para proponer un concepto integrativo de autoestima:

Es un recurso psicológico, mayormente consciente, que desarrollamos a lo largo de la vida, para valorar de manera favorable o no nuestras vivencias, en los diferentes contextos; con un sentido de realidad, que nos permitira afrontar la experiencia presente, movilizar cambios, tomar decisiones o romper esquemas para lograr un reajuste, así como nuevos aprendizajes, acompañado de un sentimiento de merecimiento…

Carmen Elena Ochoa
(Psicólogo Clinico-Psicoterapeuta-especialista en neuropsicología y trastornos emocionales y de conducta)

Revisión Bibliográfica:
-Barroso, Manuel (1987) “Autoestima: Ecología o Catástrofe”. Editorial Galac.

-Murray Stein (2007) “El Principio de Individuación”. Ediciones Luciérnaga.

-Maria Teresa GONZÁLEZ MARTÍNEZ.”ALGO SOBRE LA AUTOESTIMA. QUÉ ES Y CÓMO SE EXPRESA”. Universidad de Salamanca. Facultad de Educación.

-Manuel Barroso. CONOCIENDO Y DESARROLLANDO LA AUTOESTIMA. Artículo en la web, 2023.